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SED DE DIOS


(Salmo 42: 1, 2)


Cruza el ciervo por valles soleados,

y al cruzar enloquecido la arboleda,

van quedando los árboles tronchados

en tanto que la sed le desespera.


Es la hora sofocante de la tarde

y al sentir del calor el beso ardiente,

el ciervo brama y en locura arde

buscando de las aguas la corriente.


Hoy también mi alma enloquecida,

cruza el valle soleado de la vida

sintiendo sed de Dios que la devora.


Y como brama el ciervo en su carrera,

buscando la corriente en la pradera,

te busco mi Señor, en esta hora.


Raúl Villanueva