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A DIOS


En la voz de los raudos huracanes,

en el plácido arroyo, en el torrente,

en el fuego, en la llama, en los volcanes:

Allí, gran Dios, mi corazón te siente.


En los vergeles del florido mayo,

en los dulces acordes de la lira,

en la lluvia, en el trueno y en el rayo:

Allí, gran Dios, mi corazón te admira.


En el aroma que a los cielos sube,

en el árbol que erguido se levanta,

en la sombra, en el astro y en la nube:

Allí, gran Dios, mi corazón te canta.


En los trémulos rayos de la lumbre,

en el ósculo suave de la aurora,

en la hondura, en el llano y en la cumbre:

Allí, gran Dios, mi corazón te adora.


Fr. Faustino Martínez 378