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DOCE CLAVES PARA LA BUENA DISCIPLINA EN EL HOGAR

Joseph A. Kline

 

La disciplina no debe ser transferida de un progenitor a otro. Cuando una madre dice al niño: "¡Ya verás cuando venga tu padre!", es lo mismo que si estuviera diciendo: "Yo no sé disciplinarte. Soy incapaz de administrar el castigo que te mereces". Esto engendra falta de respeto por la madre, crea la imagen de un padre prepotente y fomenta una desgraciada situación familiar.

El niño no debe sentir que todo el mundo está confabulado en contra de él. El progenitor que comienza el procedimiento disciplinario debiera completarlo sin interferencias. El padre o la madre que interfiere le permite al niño oponer a sus progenitores el uno contra el otro para salirse con la suya.

  •  SEA PERSEVERANTE Y CONSECUENTE

  • Presente normas de conducta sencillas y realistas y aténgase a ellas. Los niños se sienten más seguros si saben que hay un límite para la conducta incorrecta. Cuando un niño comienza a importunar o a llorar para conseguir lo que quiere, existe la tentación de dejar que se salga con la suya para vernos libre de la molestia. Si esto sucede, el pequeño aprende que su padre (o su madre) es fácil de vencer, y se aprovechará de la situación.

    Los niños prefieren a los maestros que son justos y firmes, y sienten la fortaleza de los padres firmes. Pero la firmeza no implica golpes y bofetadas, puesto que el castigo corporal continuo llega a ser inútil. Use otros medios para las faltas más comunes. El tacto y la diplomacia son más efectivos.

    Por castigo entendemos la imposición de una penalidad. Puede ser suave o rigurosa, según la falta cometida. Un castigo apropiado podría ser privar al niño de alguna actividad favorita. Castíguese a un niño que persiste en regresar a casa más tarde de lo convenido, quitándole el privilegio de salir, y no privándolo, por ejemplo, de su entretenimiento favorito. Además, asígnese una duración razonable al castigo.

    El niño capta rápidamente los sentimientos de sus padres. Los niños necesitan mucho amor y afecto, y el deseo de agradar es uno de los más poderosos incentivos para conducirse bien, Muéstrele el desagrado causado por su mala conducta, paro no le diga: "Si haces eso, no te voy a querer más". El niño debe aprender que no puede obtener todo aquello que desea.

    Los niños que mienten pueden estar imitando a sus padres. Advierten con facilidad la falta de veracidad en el trato de sus progenitores con ellos y con otros. Cuando haga una promesa, cúmplala. Evite posteriores retractaciones, diciendo "vamos a ver", cuando no quiera comprometerse. Si usted forma el hábito del soborno, creará un problema de disciplina.

    No grite. Esto es bastante difícil, especialmente en el trato con adolescentes. Si usted levanta la voz, y el niño le contesta en el mismo tono, terminarán jugando a quién grita más fuerte. Decir algo a gritos, no le agrega convicción. Mantenga la calma; es bueno para sus nervios. Fomente su sentido del humor.

    Hay cosas que hacen los niños que son parte de su proceso de crecimiento y desarrollo. El niño no puede tener una conducta ejemplar todo el tiempo. No debe dársele a las pequeñas transgresiones la importancia de un crimen. Una vez pasado el incidente, olvídelo. No haga referencias innecesarias al mismo. Si usted se acostumbra a regañar, el niño se acostumbrará a no prestar atención. Sosiéguese, y disfrute del placer de la presencia de su hijo.

    Después de administrar el castigo, debe restablecerse la cordialidad mediante una, manifestación de afecto. Cuídese, sin embargo, de no llegar a los extremos. Si el castigo ha sido justo, no es necesario realizar luego una escena dramática de reconciliación. Después de un riguroso castigo, que el niño sabe que tiene merecido, evítese una emotividad teatral. Quizá ello satisfaría una necesidad que siente el padre (o la madre), pero hay niños que se portan mal a propósito a fin de recibir esta clase de atención de los adultos.

    Désele al niño una buena imagen de sí mismo, y tratará de conservarla. Destáquense los puntos favorables del pequeño y edifíquese sobre ese fundamento. Una palabra de encomio o de ánimo puede ser el punto de partida para el mejoramiento de la conducta. Nunca diga: "No puedo con él". Si asume esa actitud, llegará a ser así. Recalque lo positivo, y réstele importancia a toda conducta negativa no comentándola. Aunque parezca mentira, ¡da resultado!

    Trátese a la familia como una unidad, y recuérdese que el niño debe sentir que también forma parte de ella. Responderá del mismo modo si los padres le demuestran confianza, compartiendo con él inquietudes y problemas, y dándole también la sensación de seguridad que necesita. Esto no quiere decir que haya que comentar con él cosas que no están al alcance de su edad, sino sólo las que le conciernan. Pero en todo momento debe sentir que es un miembro digno de la familia.