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LA ELECCION DE VUESTRO DESTINO






¡Ojalá comprenda cada uno que él es el árbitro de su propio destino! En vosotros yace vuestra felicidad para esta vida y para la vida futura e inmortal. Si lo queréis, tendréis compañeros que, por su influencia, restarán valor a vuestros pensamientos, vuestras palabras y vuestras normas morales. Podéis dar rienda suelta a los apetitos y las pasiones, despreciar la autoridad, usar un lenguaje grosero, y degradaros hasta el más bajo nivel. Vuestra influencia puede ser tal que contamine a otros y podéis ser la causa de la ruina de aquellos a quienes podríais haber traído a Cristo. Podéis hacer apartar a otros de Cristo, de lo recto, de la santidad y del cielo. En el juicio podrán los perdidos señalaros y decir: "Si no hubiera sido por su influencia, yo no habría tropezado ni me habría burlado de la religión. El tenía la luz, conocía el camino al cielo. Yo era ignorante y fui con los ojos vendados por el camino de la destrucción". Oh, ¿qué respuesta podremos dar a tal acusación? Cuán importante es que cada uno considere hacia dónde conduce a las almas. Estamos a la vista del mundo eterno, y cuán diligentemente debiéramos computar el costo de nuestra influencia. No deberíamos excluir la eternidad de nuestra consideración, sino acostumbrarnos a preguntar continuamente: ¿Agradará esta conducta a Dios? ¿Cuál será la influencia de mi acción sobre la mente de aquellos que han tenido mucho menos luz y evidencia en cuanto a lo recto?


¡Ojalá los jóvenes escudriñen las Escrituras y hagan como les parece que Cristo hubiese hecho en circunstancias semejantes! Nuestras oportunidades para obtener conocimiento de origen divino han colocado sobre nosotros grandes responsabilidades y con solicitud intensa debiéramos preguntar: ¿Estoy andando en la luz? ¿Estoy, de acuerdo con la gran luz que he recibido, guiando a otros por el buen camino, o estoy haciendo senderos tan torcidos que el cojo será desviado del camino?...

Deberíamos estar imbuidos de un sentimiento profundo y constante del valor, la santidad y la autoridad de la verdad. Los rayos brillantes de la luz celestial están alumbrando tu sendero, querido joven, y te ruego que saques el mayor provecho de tus oportunidades. Recibe y aprecia cada rayo enviado del cielo, y tu senda aumentará en brillo hasta el día perfecto (Youth's Instructor, febrero 2, 1893). 30